De Córdoba a Granada : la ruta del Califato

Toda una experiencia religiosa, política y social para trasladarse  la época en la que los musulmanes ocuparon la Península: la Ruta del Califato supone un viaje en el tiempo a una época irrepetible, dos siglos de oro en los cuales Córdoba y Granada brillaron con luz propia. El camino que une estas dos ciudades, capitales del al-Andalus califal y nazarí, fue uno de los más transitados en la Península Ibérica durante la Edad Media. Sabiduría y arquitectura se unen en un itinerario que también atraviesa la provincia de Jaén y en el que nos topamos con castillos y fortalezas tanto árabes como cristianas, diseminadas por enclaves naturales como El Parque Natural de las Sierras Subbéticas Cordobesas, la Sierra de Moclín, Sierra Elvira y el Parque Natural de la Sierra de Huétor, donde es posible realizar tranquilas excursiones siguiendo antiguos senderos.

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Arrancamos así un viaje por el legado de la llamada cultura andalusí que impregna los 200 kilómetros que median entre Granada y Córdoba. La Ruta del Califato comienza al amparo de la Mezquita de Córdoba,  la antigua capital del reino omeya, durante el que fue uno de los centros más reconocidos del mundo. En la que fuera la joya del califato es imperdonable no perderse en el bosque de columnas que es la Sala de Oración o no acercarse hasta las ruinas de Medina Azahara. De Córdoba continuamos  el camino hacia Castro del Río, donde la carretera que discurre paralela a una antigua calzada romana, en un  paisaje suave y feraz plagado de vestigios arqueológicos que ponen de manifiesto su antigüedad y su importancia en época romana y el definitivo impulso que supuso la llegada de los musulmanes,  que reconstruyeron y ampliaron sus defensas, convirtiéndo a Castro en una auténtica medina amurallada.

El camino inicia su andadura hacia Granada a lo largo de su eje principal, que sigue, básicamente, la carretera N-432. El itinerario se ajusta en su primer tramo al valle del río Guadajoz y desde el que distingue el testigo histórico y monumental de la maltratada fortaleza de Torres Cabrera, una de las muchas torres-cortijo que, desde el siglo XIII hasta el final de la reconquista, salpicaron esta zona de frontera entre musulmanes y cristianos. Aparece en el horizonte Espejo, un pueblo que asciende hasta el castillo medieval de Pay Arias, rodeado por palmeras y casas blancas de cal desparramadas por las laderas.

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Retomamos  la N-432 para toparnos con una de las villas consideradas como capitales aceiteras del mundo: Baena es famosa por sus aceitunas aliñadas con recetas milenarias y modernistas y por su aceite con Denominación de Origen –en la calle Cañada se puede visitar el Museo del Olivar y del Aceite–. Pero Baena también sobresale por un casco antiguo con calles largas y empinadas donde se escalonan edificios religiosos y civiles, mansiones señoriales y casas blancas de cal y teja que componen un delicioso conjunto en el que flota la huella del pasado andalusí.

Nos sumergimos en uno de los mágicos parajes de esta ruta, el frondoso Parque Natural de las Sierras Subbéticas. A 25 kilómetros asoma la fortaleza de Luque y un poco más adelante, Lucena, con un castillo donde estuvo preso Boabdil,  último rey de Granada; y que es el referente de la importante presencia judía en el sur hispano durante la Edad Media. Antes de Lucena, cabe destacar el antiguo castillo andalusí de Alcaudete, que se eleva orgulloso y robusto entre la sierra y los olivares.

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Tras Lucena, hacemos parada en  Priego de Córdoba, dominada igualmente por un castillo, en este caso de origen árabe y remodelado en la época medieval por los cristianos y que cuenta también con edificios eclesiásticos del Barroco: no en vano esta localidad, junto a la mencionada Lucena y la cercana Cabra, aportan el toque barroco a la ruta: Priego, con sus grandes palacios e iglesias  construidas durante el Siglo XVIII, está considerada como la joya del barroco cordobés, aunque el apodo por el que es más conocida en la zona es La Ciudad del Agua, por el sinfín de manantiales y riachuelos que pueblan esta villa que atesora u gran patrimonio monumental se reparte por un caserío blanco andaluz que tiene más de 30 bienes catalogados como Patrimonio Histórico Andaluz. El Barrio de la Villa,  de origen medieval y andalusí, perfuma las calles estrechas de Priego con los geranios que colorean a las fachadas blancas de sus casas y que nos dirige hacia el Balcón del Adarve, uno de los mejores miradores de la ciudad abierto al paisaje de la vega. Se encuentra a unos 55 metros de altura sobre los restos de la antigua muralla que da a un acantilado.

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Desde Alcalá la Real se vislumbran ya los límites de Granada, junto a Moclín y Colomera. Alcalá atesora una fortaleza que impone, la de La Mota, llave  del histórico camino entre Córdoba y Granada: ocupan una estratégica colina en medio del pasillo natural que conecta ambas provincias a través de tierras de Jaén entre las montañas del Sistema Bético. Una populosa ciudad con su estructura urbana de origen árabe, sus calles empinadas abigarradas de casas, repleta de sorpresas, casas señoriales, iglesias y detalles arquitectónicos, muestras de su esplendor y de su rico pasado histórico. Desde el mirador del barrio de Las Cruces, se puede disfrutar de una magní­fica vista de su antigua ciudad fortificada.

El trayecto prosigue por Pinos Puente, GüevéjarCogollos de la Vega, donde podemos visitar los baños árabes. Pasamos después por Alfacar y por Víznar; en esta última todavía se mantiene la estructura del sistema de riego de la acequia de Aynadamar, creado en época andalusí. Y finalmente, llegamos a la joya de la corona: la Alhambra de Granada.

En cuanto a gastronomía se refiere, el aceite de oliva ocupa un papel vital, ofreciendo la posibilidad de degustar algunas de las variedades de más calidad del mundo. Platos típicos, muchos de ellos de origen árabe, buenos vinos (denominación de origen Montilla – Moriles y vinos de jaén) y una amplia repostería completan la oferta gastronómica de este recorrido, con los alfajores (postre de origen árabe, de almendra y miel) como grandes protagonistas.