La Ruta de los Calçots, entre campos modernistas y villas medievales

Nacidos del frío más intenso del invierno y del infierno de sarmientos más abrasador, de la tierra y del agua, y del sol y la lluvia, los calçots, son una de las delicias gastronómicas más apreciadas y que sólo puede ser disfrutada durante los meses más gélidos del año. En el interior del Camp de Tarragona y a menos de 20 kilómetros de la costa, no sólo hay tesoros escondidos bajo la arcillosa tierra, los hay en el aire en uno de los muchos intentos del hombre de sentirse más cerca del cielo, o en el interior de los conventos y monasterios que salpican el paisaje, en las empedradas calles medievales de las villas, y frente a las murallas en las que San Jorge venció al temible dragón. Tesoros que se ven, se sienten, se tocan, se respiran y, sobre todo, se saborean. ¿Quieres descubrirlos todos? Arrancamos.

Valls no sólo es la capital de la comarca de Alt Camp sino también el centro mundial del calçot. Esas cebollitas dulces y blancas por la que todos los últimos domingos de enero acuden en peregrinación miles de fieles que, año tras año, no pueden resistirse ni a su sabor ni a una fiesta que va mucho más allá de la propia gastronomía. ¡Lo mejor de todo es que se pueden degustar hasta finales de marzo o, incluso, abril sin toda la aglomeración de la Calçotada! Se comenzaron a producir en estas tierras en el s.XIX aunque su consumo no se popularizó hasta los años 60 y también en Valls surgió la increíble salsa con la que se acompañan. Para hacer hambre, lo mejor es pasear por la villa medieval.

Valls Tarragona

Desde la carretera, la vista es inconfundible con sus monumentales torres al fondo y al avanzar por sus calles, las piedras vistas de los edificios parecen contar su historia. Un pasado de trabajo y reflexión, de agricultura y de conventos como el del Carmen o el de los Capuchinos y el de San Francisco, hoy reconvertidos en Casa de la Caridad y en Hospital. Recorrer las estrechas calles del antiguo barrio judío para llegar a las plazas porticadas del Blat y del Oli es como viajar a la Edad Media en pleno s.XXI. Y aquella torre tan alta que se veía desde el camino es el campanario de la iglesia de San Juan, uno de los más altos de Cataluña, que en su interior esconde un espectacular retablo de madera con casi 200 figuras.

Los tesoros de Valls no sólo se esconden bajo la tierra también lo hacen en el aire, no hay que olvidar que esta es la cuna de los colles castelleres o de cómo el hombre quiere estar un poco más cerca del cielo. Ocultos, también, en el interior de la Capilla del Roser, del s.XIV, hay uno de las obras más famosas de la cerámica catalana. Se trata de dos conjuntos de más de 2.600 azulejos vidriados que narran un par de episodios de la Batalla de Lepanto, y lo hacen con tanto lujo de detalles que han sido declarados Monumento de Interés Artístico. Al salir, ¿es ya la hora de comer?

Calçots

Seguro que en el ambiente se siente el inconfundible aroma a humo y a brasas que envuelve las calles y plazas pero, ¿cómo se prepara la Calçotada perfecta? En realidad, la fiesta comienza antes incluso de ser recogidos, con los diferentes trasplantes que se realizan durante su proceso de crecimiento, pero cubriéndolas bien de la particular tierra arcillosa de la zona, para que mantengan el característico color blanco, la frescura y concentren todo el sabor. Bien limpios, sin raíces y con algunas hojas verdes de menos ya están listos para pasarlos por el fuego de sarmientos hasta que sus primeras capas estén negras y el interior tierno y jugoso.

Lo más tradicional es envolverlos en papel de periódico para que conserven todo el calor y servirlo sobre una teja de barro, pero tan importante es la frescura de los calçots como la salsa con la que se sirve. Ajos, tomates, pan, pimiento ñora, avellanas, almendras, vinagre, aceite y sal es todo lo que se necesita para preparar una increíble salvitxada. Por muy buenos que estén, y por muchas veces que se repita, no sólo de cebollitas vive el hombre, así que cordero o las llamadas guatlles al pebrot (perdices al pimiento) y de postre coca de recapte, elaborada también con productos típicas de la huerta y una buena dosis de avellana, pueden ser un menú más que recomendable.

Santes Creu_Claustro

Al salir de Valls aún queda mucho por ver. Merece la pena desviarse en el camino para sentarse y descansar en el enigmático claustro gótico del Real Monasterio de Santes Creus y descubrir la vida de los monjes cistercienses en uno de sus conjuntos monumentales más amplios y mejor conservados y más si se tiene en cuenta que fue fundado en el año 1168. Casi 7 siglos de vida monástica, hasta 1835, entre sus celdas y paredes y bajo su suelo las tumbas de los reyes Pere el Gran, y de Jaime II, entre otras muchas personalidades. Recorrer los pasillos, la sala capitular, el gran dormitorio de los monjes, el scriptorum y contemplar el retablo barroco de Tremulles dan una idea del poder de la Orden del Cister.

Si queda hueco para un dulce, hay que probar los riquísimos barquillos, neules, que se hacen siguiendo la receta tradicional y utilizando los mismos moldes que se empleaban en la Edad Media. Con un sabor de boca inmejorable, ya se está listo para continuar con esta cruzada medieval. En primer lugar, en la ciudad amurallada de Alcover, en donde la Iglesia románica de la Puríssima Sang aguarda con porte majestuoso a orillas del río Glorieta. Después, por las calles del s.XII de Masmolets, degustando sus vinos, y por la diminuta Fontscaldes, de apenas 194 habitantes, para llegar a Montblanc. Frente a estas murallas, San Jorge mató a un dragón, pero antes de llegar se habrá pasado por los campos modernistas.

Bodega Modernista 3

Por la carretera, entre los de cultivo de calçots y otros vegetales, cada vez irán apareciendo más y más viñedos salpicados de avellanos y almendros, y entre ellos edificios industriales con personalidad propia. Un primer aperitivo se puede contemplar en la fachada modernista del Sindicato Agrícola de Alió que sirve de introducción a lo que espera al visitante en Nulles. La Cooperativa Agrícola de Nulles está considerada como una de las 50 Catedrales del Vino que se pueden visitar en Cataluña y en donde el arquitecto Cèsar Martinell consiguió conjugar en el mismo arte el Noucentismo y la cata de cavas. En Santuario de la Virgen de Montserrat de Montferri hay más Modernismo mimetizado con el paisaje.

Montblanc

De nuevo en Montblanc, entre la Historia y las Leyendas, destaca también por su pasado medieval, fue fundada en 1163 por Alfonso II, El Casto. De su panorámica destaca la potente muralla defensiva y encajada en ésta, la Torre de Sant Jordi, de tres pisos de altura y puerta de rastrillo, junto a la que tuvo lugar la increíble lucha con el dragón. Mitos aparte, recorrer sus calles si es un auténtico viaje en una máquina del tiempo y visitar la Iglesia de Sant Francesc, recorrer los pasillos del Palacio Real o de la Casa de los Joya, sentarse en la Plaza Mayor y atravesar el Puente Viejo, es todo un placer para los sentidos. Y aún hay más: El Foradot, la Torre de los Cinc cantons, la calle de los judíos, el Mueso del Pesebre y hasta otra bodega modernista de Martinell. Montblanc lo tiene todo, ¡hasta sabrosos calçots!

La fama de los calçots se ha extendido tanto que ya los cultivan hasta en Soria, para dar respuesta a su creciente demanda, y se celebran calçotadas muy al sur de Valls y del Alt Camp, como en Castellón o, incluso, Valencia. Sea como sea, poder degustarlos es la excusa perfecta para conocer el pasado medieval del interior de Tarragona, por parte de la Ruta del Císter, y es una visita que dejará tan buen sabor de boca como el de las cebollas dulces más famosas de España. ¿Te animas a subir al coche y descubrir la ruta de los calçots?