Ruta literaria por los paisajes y la mitología del Valle de Baztán de Dolores Redondo

¡A tan sólo 50km de Pamplona y da la sensación de ser otro mundo! Otro planeta en el que las nubes del cielo se funden con los verdes del suelo y de las rocas, la convivencia perfecta entre agua y tierra; donde en otoño, entre la niebla, se aprecian mil tonos entre naranjas y amarillos; y en el que los mitos y leyendas parecen estar esperando a la sombra del próximo árbol con todos sus seres y criaturas. Protectores de la naturaleza, guardianes de las normas, fabricantes de sueños e ilusiones, pero sin olvidar que esta es zona de misterios, de brujería, de superstición y de ritos extraños ritos ancestrales a los que la inspectora Amaia Salazar y cualquier visitante deben enfrentarse durante su estancia.

Para situarse, un paseo por la calle Mercaderes de la capital, donde la protagonista tiene su refugio y residencia, y por las calles de casco viejo junto a James; un café en el clásico Bar Iruña de la Plaza del Castillo; o saborear con el juez Markina los platos de estrella Michelín del Restaurante Rodero junto al Parque de la Taconera o una receta tradicional recién salida de los fogones del Hotel Europa, en donde elaboran las mismas exquisitas creaciones gastronómicas que Dolores Redondo refleja en palabras en su Trilogía. Este es el prólogo perfecto para comprender de todo lo que huye y a lo que se enfrentará Amaia Salazar en su regreso a Baztán hacia donde se dirige esta ruta.

Ya en la carretera (N-121) que tantas veces recorrió la inspectora Amaia Salazar en sus idas y venidas de Pamplona a Elizondo, entre frescos prados encajados entre montañas salpicadas de verdes bosques, se debe hacer una primera parada en Lesaka. Donde los campos de maíz se confunden con el empedrado de las calles y el cauce del rio Onin, se puede ir abriendo boca de lo que espera en lo más profundo del Valle de Baztán. En el horizonte de casas de piedra destacan tres torres, la Iglesia de San Martín de Tours, Minyurinea y la que fue cuartel general de Wellington durante la Guerra de la Independencia, Casherna.

Señorío de Bertiz

La magia de Baztán se empieza a sentir antes incluso de llegar al valle. En la villa de Etxalar, bajo el vuelo de algún torcaz, las puertas de los caseríos se protegen del mal de ojo con la flor seca del cardo mientras el camino continúa hacía el Señorío de Beritz. Un bosque dentro del bosque a orillas del río Bidasoa que aún en esta zona mantiene el nombre. Un auténtico jardín botánico en el que hayas, secuoyas de California, cedros del Líbano, gingkos de China, castaños de los Balcanes dan refugio a una de las mayores colonia de pájaros carpinteros. Un entorno entre art nuveau y belle epoque privilegiado en el que las fuentes, estanques, puentes y miradores no le restan nada misterio a las muchas leyendas del lugar.

Así, siguiendo el curso de río Baztán, que ya ha cambiado de nombre, por lo más profundo del valle, donde la vegetación apenas deja pasar la luz, pronto aparecerá en el horizonte el lugar en el que las casas parecen flotar y se integran en el paisaje: Elizondo. Los que hayan leído a Dolores Redondo ya saben lo que aguarda…

Elizondo

Asesinatos rituales de adolescentes, mitología y muchas leyendas, una inspectora de la Policía Foral de Navarra, el regreso a un pasado del que se lleva huyendo toda una vida. Pero antes de empezar a recorrer los recuerdos de la inspectora Amaia Salazar y a acompañarla en sus investigaciones, lo mejor es hacer una pausa para probar lo mejor que la naturaleza ha dejado en la gastronomía local. Los hongos y las setas, las carnes de caza, los pates, el cordero a la brasa, los chuletones y, en especial, el llamado txuri ta beltz, una especie de morcilla realmente sabrosa. Los postres, la repostería y los chocolates merecen mención aparte, así que el queso y la cuajada son un recomendable fin de festín.

También es buen momento para repasar la lectura con un café en el Bar Txokoto, que ya es el local más famoso de la villa. “La tumba de la familia Arbizu se encontraba justo donde comenzaba uno de los ramales; sobre el panteón reposaba un ángel que, indolente y con gesto aburrido, ajeno al dolor de los humanos, parecía observar a los enterradores que habían apartado la losa haciéndola rodar sobre unas barras de acero”. El ángel del cementerio de Elizondo no sólo es testigo mudo de los entierros de las jóvenes victimas de lo que parece ser un asesino en serie, sino que en su gesto esconde grandes secretos y no hay que más que mirar la inscripción de la lápida para sospecharlo. ¿Ya sabes cuál?

Cementerio de Elizondo

Volviendo a pie por la carretera de Francia todos los rincones de Elizondo evocan los pasos de Amaia Salazar. Desde la Plaza de los Fueros con su piedra de Botil Harri, utilizada en variantes de la pelota vasca para botar la bola, y el Ayuntamiento, hasta la calle Braulio Uriarte que “se había llamado antiguamente calle del Sol, porque todas las fachadas están orientadas al sur y el sol calienta e ilumina la calle hasta que se pone”, donde se localiza la residencia de la familia Salazar. ¿Quieres dormir en casa de la tía Engrasi? En realidad, es un alojamiento rural así que más fácil imposible. Eso sí, reservad con antelación porque la fama de las novelas le hacen colgar el cartel de completo con frecuencia.

En la misma calle del Sol, otro lugar en el que realidad y ficción vuelven a chocar, es en el obrador de sus hermanas. Residencia, en verdad, de dos ancianas vecinas de la localidad y de enfrentamiento de la protagonista con los recuerdos de su infancia en la literatura. De sus hornos, por todos es sabido, salieron los txantxigorri que el asesino colocaba junto a las partes más íntimas de las víctimas. Para degustar esta torta dulce, más propia de los meses de matanza, lo mejor es ir a Malkorra, pastelería donde ahora los elaboran todo el año, y acompañarlo de un chocolate para hacer la merienda perfecta.

Elizondo Iglesia

Pero Elizondo esconde muchas más sorpresas para quienes observen con atención. La iglesia de Santiago, testigo de los funerales de las muchachas del pueblo y del paso del tiempo, encierra una de las más curiosas. ¿Conoces ya la relación del Valle de Baztán con la cerveza mexicana? La respuesta está en la torre del templo, una espiga de cebada y una corona la decoran, y también en el nombre de la calle de la casa de Engrasi que se acaba de visitar. Braulio Iriarte, vecino del pueblo, que como otros muchos antes se embarcó en una aventura por las Américas y en 1922 fundó en México la Cervecería Modelo, propietaria de las marcas Modelo y Corona, conocida en España como Coronita.

A Don Braulio, también se le debe la reconstrucción de Hospitalenea, porque no hay que olvidar que por aquí cruza el Camino de Santiago y es tierra de peregrinos que en ocasiones, tras el duro paso de  los Pirineos necesitaban cuidados y reposo en este Hospital. En su exterior una placa recuerda la brutal riada que tuvo lugar el 2 de junio de 1913 y que sepultó a Elizondo en un auténtico mar. Los lectores de la segunda parte de la Trilogía de Baztán, Legado en los huesos, seguro recordarán que uno de sus más tensos e importantes pasajes tiene lugar en el edificio. Quienes no lo hayan leído aún están a tiempo.

XN8-1466229

No hay que olvidar que en el Valle de Baztán tan importante es lo que se ve como lo que simplemente se siente y no hay nada más que dar una vuelta por los bosques que rodean Elizondo para intuirlo. Esta es tierra de Brujas y no hace falta ir hasta las cuevas de  Zurrugamundi, Urdax, o Mari para comprobarlo; de leyendas; de extraños ritos como los que narra Dolores Redondo; de mitología; y de enigmáticas construcciones megalíticas. Dólmenes, cronlechs, túmulos y otros milenarios monumentos salpican el paisaje y recuerdan, ocultos en el follaje, el paso de los primeros pobladores atraídos por la riqueza de las minas de los Pirineos.

Como también aguardan entre la espesa vegetación junto al río mil hechizantes presencias invisibles como las Lamias con sus pies de pato y sus largas melenas que cepillan con parsimonia con un peine de oro y que conceden deseos e ilusiones. Más terroríficos son los Gaueko de los que como en Etxalar se protegen con la flor Eguzkilore. Otras historias hablan de Mari, la diosa de la fecundidad, y de las muchas mujeres que acudían a su cueva para hacer ofrendas. Y todo sin olvidar al Basajaun, el guardián invisible, encargado de mantener el equilibrio entre el hombre y la tierra, entre la vida y la muerte. Es protector, el señor del bosque, quien custodia las reglas y la tradición.

Jauregia

Tras Elizondo, aún hay mucho Baztán. Nada mejor que una rápida visita a Arizkum y a su barrio de Bozate para comprender las luces y las sombras de los agotes, esa minoría social que habitaba aquí y en el Valle de Roncal cuya marginación, origen y discriminación aún continúa siendo un misterio. De Bozate a Erratzun y a la cascada de Xorroxin, nacimiento del río Bidasoa. Después espera Amaiur, Arraioz con su Palacio Jauregizar y subir hacia Ziga para admirar todo lo dejado atrás en el llamado mirador de Baztán. Otra bella panorámica de toda la zona es continuando por la carretera hacia Francia desde el Puerto de Otsondo. ¿Te atreves a descubrir la magia del valle de la mano de Dolores Redondo y todos sus personajes?

On Gold Road| Viajar por España en 7 películas