El despertar de la primavera en los mejores Jardines Botánicos del mundo

La explosión de color de la floración y el resurgir de la vida en forma de pequeños brotes verdes es uno de los mayores espectáculos de la naturaleza que cada año se produce en primavera con la llegada calor de los primeros rayos de sol y en forma del agua del deshielo o de las abundantes lluvias. Se puede vivir en cualquier lugar del mundo, incluso en las grandes ciudades. Terrazas, balcones, parques y jardines poco a poco se van llenando de nuevas tonalidades y, de forma especial, se puede comprobar en los Jardines Botánicos. Surgidos como centro de investigación en el s.XVIII por la variedad de plantas que albergan hacen que el espectáculo se multiplique por el número de especies vegetales que contienen. Miles de ejemplares despertando a la vez, pero cada una a su ritmo. ¿Sabías que tienen tanta personalidad que hasta Virginia Woolf convirtió a uno de los más famosos del mundo en protagonista de uno de sus relatos? Así es el espectáculo de la primavera en los mejores Jardines Botánicos del mundo. 

Kew gardens

Y por derecho propio, por antigüedad y por, probablemente belleza, los más sean los que se encuentran el suroeste de Londres a orillas del río Támesis entre Kew y Richmond. De ahí, precisamente, le viene el nombre de Kew Gardens aunque de forma oficial son los Royal Botanic Gardens. Más de 120 hectaréas de extensión en las que cabe prácticamente de todo y, por supuesto, más de 30.000 especies vegetales traídas de hasta el último rincón del planeta, algunas incluso de los famosos viajes de exploradores como Charles Darwin o David Livingston, lo que los convierte en la mayor colección de plantas vivas de todo el mundo. Pero su mayor secreto, es accesible sólo para investigadores su almacén de semillas guarda más de 7.000.000 de ejemplares diferentes. A ojos del visitante hay otras muchas atracciones que hacen que más de dos millones de personas acudan todos los años: el invernadero Palm House formado por más de 18.000 paneles de cristal, la Alpine House con especies propias de montañas de más 3.500 metros de altura, el Conservatorio de la Princesa de Gales y su impresionante colección de orquídeas, pagodas, palacios y el favorito de los visitantes, un paseo por la copa de los árboles en el Walking Tall.

Jardin Botánico Madrid

Tan impresionantes y llenos de vida que Virginia Woolf no sólo le dedicó su libro Jardines Kew sino que entre las conversaciones de sus paseantes lo convirtió en el personaje central de la narración. No menos relacionado con el mundo del arte y por la misma época (1755) el rey Fernando VI mandó construir el Real Jardín Botánico de Madrid en la Huerta de Migas Calientes a orillas del Manzanares que años más tarde Carlos III trasladó a su ubicación actual, junto al Retiro y al Museo del Prado. Encargó la obra a arquitectos de renombre como Francesco Sabatini y Juan Villanueva, y el resultado es el que aún se puede ver. Tan sólo 8 hectáreas, pero muy bien aprovechadas, con más de 5.000 especies de árboles y plantas repartidas en tres niveles: la Terraza de los Cuadros, la de las Escuelas Botánicas, y la del Plano de la Flor. Además, el punto que suele interesar a los visitantes es la espectacular colección de bonsáis que el ex Presidente del Gobierno, Felipe González, cuidaba y mimaba en el Palacio de la Moncloa y dos pequeños invernaderos, uno del s.XIX, en los que se recrean en un mismo espacio tres climas diferentes: el templado, el tropical y el desértico.

Jardin Botánico Berlin

Precisamente, los invernaderos suelen ser lo que más gusta a los visitantes de los jardines botánicos, pero para ver el más grande del mundo hay que viajar hasta Berlín. ¡Tiene 25 metros de altura, 60 de longitud y 30 de ancho! Y lo más curioso es lo que alberga en su interior, un ejemplar de bambú que casi toca el techo de cristal. Las fabulosas condiciones que recrea también favorecen el desarrollo de orquídeas gigantes, extraños ejemplares de plantas carnívoras que parecen haber viajado desde el Jurásico y hasta una Welwitschia. Pero los 6.000 m2 del Große Tropenhausque no son más que una pequeña parte de las 43 hectáreas que componen el recinto del jardín que divide sus 22.000 especies vegetales en áreas según su procedencia y por tipo de planta. Llegadas de todo el mundo desde el Mediterráneo, hasta Sudáfrica pasando por los trópicos y, por supuesto, por Australia. Un viaje completo por todo el planeta que debe acabar perdiéndose en el espectacular Arboretum de más de 14 hectáreas.

Majorelle

No hay gran ciudad en el mundo que no tenga su propio Jardín Botánico para educar a sus investigadores y para deleite de sus visitantes como en Ciudad del Cabo en donde se encuentra, probablemente, el más grande del mundo, y es que 568 hectáreas se parecen más a las llanuras en las que crece su espesa vegetación que un lugar para el paseo. Otras ciudades se conforman con menos, pero sus tesoros vegetales son de incalculable valor como las 3.000 especies de orquídeas del de Singapur; el oasis en medio del desierto que supone el Jardín Majorelle de Marrakech al que Yves Saint-Laurent dio parte de su personalidad; los Jardines del Descanso cerca de Los Ángeles con su bosque de camelias o el jardín de lilas; los de Villa del Este en Italia en el que el agua que brota de más de 500 chorros y fuentes es la auténtica protagonista; o el Culiacán en México en el que más de 1.000 tipos diferentes de plantas conviven, con gran acierto, con obras de arte contemporáneo de artistas locales.

¿Necesitas más lugares en los que ver despertar la primavera? Sin salir de España se puede asistir a este espectáculo en un buen número de jardines botánicos, pero, ¿por dónde empezar? Algunas pistas: Parque Natural del Señorio de Bertiz, donde se pueden observar con detalles 120 especies de climas templados, subtropicales y, por supuesto, de bosque atlántico, como robles o hayas, gracias a su particular microclima; Jardín Botánico de Gijón especializado en las especies propias del clima Cantábrico o el de Soller en Mallorca o el de la Oratava en Tenerife que muestran lo mejor de la flora de las islas. Lo mejor de todo es que no son los únicos y hay muchos más. ¿Cuál te gustaría visitar ahora que comienza el buen tiempo?