Descubre la Castilla más medieval: 5 pueblos para viajar al pasado

Villas, ciudades y pequeños pueblos que permanecen cuasi congelados en el tiempo. Nos sumergimos en el pasado a través del paseo por cinco de los pueblos castellano y  leoneses que mejor conservan la impronta medieval, poblaciones encantadoras que rezuman leyendas del medievo. Destinos perfectos para descubrir, durante un fin de semana, las vidas de los antiguos oficios, de los juglares, de una historia marcada por invasiones, luchas por el poder y cruentas disputas territoriales que han salpicado los infinitos campos de Castilla.

1. Calatañazor (Soria)

La provincia de Soria esconde un diminuto pueblo que es una maravilla medieval. En lo alto de un rocoso cerro  negro, bajo el influjo del que denominan Valle de la Sangre y a los pies del río Milanos, esta pequeña aldea soriana, con apenas una calle central para caminar entre la plaza del Ayuntamiento y el castillo, condensa toda la esencia de la Edad Media, con chimeneas cónicas, puertas pesadísimas y herrajes en rústicas viviendas que nos trasladan a otro tiempo, tiempo de batallas y leyendas, ya que cuentan que el legendario Almanzor murió en esta pequeña localidad.  Y es que Calatañazor conserva intacta la arquitectura de sus casas (mampostería de piedra, paredes tapiadas de barro y paja, fachadas de color ocre) apenas cuenta con tres o cuatro manzanas y parece deshabitada, pero en esas cuatro calles atesora monumentos cargados de historia como la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, la Ermita de la Soledad, el Sabinar, y sobre todo las ruinas de su castillo, que se asoma al  valle ofreciendo unas vistas espectaculares de las Tierras del Burgo.

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2. Frías (Burgos)

Dicen que es la ciudad con menos habitantes de España: Frías, a pesar de tener menos de 300 moradores, conserva el título de ciudad. Enclavada en lo alto del Cerro de la Muela, esta localidad burgalesa respira aire medieval por sus cuatro costados. Un puente medieval atraviesa el río Ebro para dar la bienvenida al visitante, que se adentra así en sus abigarradas, estrechas y elevadas callejuelas, repletas de casas espectaculares con fachadas de adobe, piedra y entramados de madera.  Recorriendo estas calles se llega al Castillo de Velasco que domina la villa, desde donde se divisan las vistas de la comarca de las Merindades, un paisaje agreste. Otra estampa impactante es la que se puede contemplar desde el Barranco del Molinar, el lugar perfecto para vislumbrar de otro de los grandes conjuntos monumentales que atesora Frías: sus antiguas casas colgadas. A escasos 25 kilómetros de Frías, está Oña, otra histórica población burgalesa declarada Bien de Interés Cultural. Asimismo, en la provincia merecen especial mención por su importante patrimonio los pueblos de Covarrubias y Poza de la Sal.

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3. Castrillo de Los Polvazares (León)

A muy pocos kilómetros de Astorga se encuentra Castrillo de los Polvazares, uno de los pueblos más hermosos de la comarca leonesa de la Maragatería y que se conserva  prácticamente en su estado original. Todas las casas están construidas en piedra, y las calles no están asfaltadas, sino empedradas, con las puertas de madera de todas las casas pintadas en verde. 

Y, por supuesto, uno no puede abandonar Castrillo de los Polvazares sin sentarse tranquilamente a degustar la joya de la gastronomía de la zona, el cocido maragato, que tiene la peculiaridad de comerse al revés, es decir, comenzando por la carne y terminando por la sopa. Una tradición que entronca con la historia de los maragatos, que recorrían las tierras de España como arrieros, llevaban una fiambrera circular de madera con su tapa también de madera, donde guardaban en ella porciones de carne de cerdo cocida, que se conservaba fresca cierto tiempo. Al llegar a las posadas o mesones comían primero lo que ellos llevaban en las fiambrera y para terminar y “entonar” sus estómagos pedían al mesonero  una sopa caliente.

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4. Pedraza (Segovia)

En esta localidad segoviana están tan orgullosos de que apenas haya cambiado en ocho siglos que impera una orden urbanística del propio municipio según la cual no se puede construir o rehabilitar una casa allí si no se sigue el estilo tradicional. Un conjunto medieval plagado de calles empedradas y casas blasonadas coronado por un castillo, en cuyo torreón, actualmente museo, el pintor Zuloaga tuvo un estudio.  Su privilegiada situación en lo alto de una colina proporciona al visitante unas maravillosas vistas de la sierra segoviana. Su plaza mayor, escenario durante el verano de los conciertos de las velas, días en los que se apaga el alumbrado público y se ilumina toda la localidad con velas, ofreciendo conciertos de música clásica, es porticada por dos lados, y la rodea una recova con columnas de diferentes estilos. Además, no muy lejos de Pedraza, está Sepúlveda y las Hoces del Duratón, dos destinos imprescindibles para completar  la escapada.

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5. La Alberca (Salamanca)

En la Sierra de Francia (Salamanca) se encuentra la Alberca, una pintoresca localidad en el corazón del Valle de Las Batuecas y que ostenta el título de ser el primer municipio español e ser declarado Monumento Histórico Artístico en 1940. Conserva perfectamente su arquitectura tradicional, con casas construidas en piedra de sillería y balcones floridos, situadas en calles tan estrechas que los tejados se rozan entre sí. Hay que pasear por su Plaza Mayor, donde se pueden ver bajo sus soportales  a los artesanos trabajando en las artesanías y bordados típicamente albercanos, dejarse llevar hasta las ermitas del Humilladero y de San Blas, y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, así  como contemplar su rollo, testigo de ajusticiamientos medievales.

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