Ruta por las ciudades slow de Italia

¿Has oído hablar del movimiento slow? Se trata de una iniciativa nacida hace ya bastantes años que busca reaccionar contra la velocidad que parece haber conquistado nuestras vidas en todos sus aspectos. Propone pararse a disfrutar y saborear la vida, buscando crear un entorno más sostenible y sano. Tiene ya infinidad de ramas que hablan de la comida lenta, el viaje lento o las ciudades lentas, y se ha extendido por todo el mundo, pero su cuna está en Italia. Ahí nació con la asociación Slow Food, que más tarde dio pie a las Slow Cities.

Rutas por la Sierra de Tramontana, Mallorca

Quien haya viajado hasta Mallorca sabe que la Sierra de Tramontana es uno de los mayores espectáculos naturales de la isla. Es lo primero que se ve antes de llegar desde el avión y la última mirada atrás para recordar la estancia al regresar. Una hilera de roca de más de 90 kilómetros de longitud que surge desde el mismo Mar Mediterráneo que la protege, le da aire desde sus bosques de encinas, pinares y carrizos y la alimenta de sus huertos y frutales.

La Ruta de los Calçots, entre campos modernistas y villas medievales

Nacidos del frío más intenso del invierno y del infierno de sarmientos más abrasador, de la tierra y del agua, y del sol y la lluvia, los calçots, son una de las delicias gastronómicas más apreciadas y que sólo puede ser disfrutada durante los meses más gélidos del año. En el interior del Camp de Tarragona y a menos de 20 kilómetros de la costa, no sólo hay tesoros escondidos bajo la arcillosa tierra, los hay en el aire en uno de los muchos intentos del hombre de sentirse más cerca del cielo, o en el interior de los conventos y monasterios que salpican el paisaje, en las empedradas calles medievales de las villas, y frente a las murallas en las que San Jorge venció al temible dragón. Tesoros que se ven, se sienten, se tocan, se respiran y, sobre todo, se saborean. ¿Quieres descubrirlos todos? Arrancamos.

Ruta por La Isla Mínima: paisajes y gastronomía del Bajo Guadalquivir

Existe un lugar al sur de Sevilla en donde las aguas del Guadalquivir se funden con la tierra, y conviven más de 100 especies de aves que la acercan un poco más a las estrellas. Es el lugar en el que los pájaros parecen tocar flamenco y los cangrejos rojos dar palmas. Allí, a las puertas del Parque de Doñana y ocultos bajo el mayor arrozal de Europa, hasta los ciervos y los corzos, los caballos y los toros parecen que se van a arrancar por bulerías. Todo es arte y armonía incluso en los colores del paisaje, verdes y amarillos se combinan entre sí a la perfección para abrazarse sin pensarlo con el azul del agua y del cielo. Y en el ambiente conviven el olor a humedad y de las aguas con el frescor del aire limpio, el aroma a paella y un regusto ligeramente picante.