Holanda, queso a queso

¿Sabíais que los holandeses comen alrededor de 3 kilos de queso al año por persona? Así que no es de extrañar que, además de por sus molinos de viento, sus tulipanes de colores y la libertad que inspira Amsterdam, Holanda sea mundialmente conocida por su industria quesera, repartida por pueblos encantadores que incluso han dado nombre a quesos reconocidos internacionalmente. La mejor forma de conocer y degustar la cultura del queso que impregna este pequeño país es alquilar un coche y dejarse llevar por el olor de este exquisito manjar.

De camino a Edam, es inevitable hacer una pequeña parada en  Zaanse Schans,  una pequeña recreación del pasado preindustrial del país y una delicia para los más pequeños, donde podrán conocer cómo funcionaban los antiguos y nostálgicos molinos de viento. Muy cerca se alza Monnickedam, una pequeña aldea de pescadores. Antes de entrar en Edam,  es recomendable pasear por el vecino Volendam, un encantador pueblecito plagado de las típicas casitas neerlandesas y canales, donde lo más visitado es su puerto, con barcos antiguos y un paseo marítimo donde, además de queso, se pueden degustar pescados de la zona, como anguilas ahumadas. Y tras 22 kilómetros desde Amsterdam, llegamos a Edam, famosa en todo el mundo por el popular queso redondo cubierto con cera roja que fabrica y comercializa desde hace varios siglos en esta bella ciudad fundada en el siglo XI, cuyo mercado de quesos tradicional es uno de los eventos más visitados y populares de la ciudad, con la balanza pública situada aquí desde 1778 y que ofrece una exposición sobre la historia de Edam, desde la que en 1649 se llegaron a exportar quinientas mil unidades del famoso queso. Hoy se fabrica en gran parte de la provincia septentrional. Además del queso, Edam conserva canales, sus pintorescas e históricas calles, varias casas de madera del los siglos XVI, XVII y XVIII que han sido declaradas como monumentos nacionales y edificios espectaculares como  la iglesia Grote Kerk,  el ayuntamiento (Raadhuis), o la torre de la antigua iglesia Speeltoren.

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 A medio camino entre Utrecht y Rotterdam, nos topamos con la ciudad que da nombre al queso holandés por excelencia y que representa el 60% de la producción quesera de Holanda. Gouda acoge también su propio mercado de quesos, que se realiza los jueves por la mañana, desde abril hasta  agosto.  En la Plaza del Mercado encontraremos el edificio del Peso (Waag), que además de ser utilizado para comprobar la calidad y pesar el queso, acoge el Museo del Queso, donde se puede conocer el procedimiento de fabricación del queso. El ayuntamiento de Gouda, construido en estilo gótico en el siglo XV, domina la Plaza del Mercado y merece la pena ser visitada  la iglesia Sint Janskerk, que con sus 123 metros es la más alta de Holanda y conserva unas vidrieras impresionantes.

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Y llegamos a Alkmaar, situada en un paisaje holandés típico de polders, cerca de una reserva de naturaleza que atesoran dunas, playa, arboles…y donde esta pequeña ciudad muestra al turista canales con sus puentes levadizos característicos, numerosos edificios históricos, tranquilos patios, viejas fachadas y calles estrechas, con una parada muy especial: el mercado de quesos más afamado del país y  que representa uno de los destinos turísticos imprescindibles en Holanda.

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Un poco más al norte, finalizamos la ruta en la pintoresca ciudad de Hoorn, situada a orillas del mar interior de Holanda: el IJsselmeer. Una localidad que ha conservado todo el esplendor de las fachadas tradicionales holandesas en muchas de sus casas y algunos de los edificios del centro histórico como habían sido antaño En la Edad Media, su puerto mercante fue vital para el desarrollo del país y hoy aún se pueden ver todavía antiguos veleros que se han restaurado y amarran allí, junto a la famosa torre de Hoofdtoren, en pie desde el siglo XVII.