Liérganes, el río Miera y la Leyenda del Hombre Pez

¿Hacia dónde lleva la mirada perdida del hombre que desnudo está sentado bajo el Puente de Liérganes? Indudablemente, hacia el río Miera pero no a la orilla opuesta a la que está sentado como pensando en lanzarse al vacío para sumergirse en sus aguas aparentemente tranquilas, y en ocasiones, torrenciales y llenas de furia. Antes de seguir hablando del Hombre Pez, hay que saber que el Miera no es el río ni más largo ni más caudaloso de Cantabria, pero su importancia es vital para comprender su Leyenda y la Historia de Liérganes, y de todo el valle. Su origen está en un glaciar del Pico del Fraile, en pleno Portillo de Lunada, a medio camino de Castilla, y en sus poco más de 40 kilómetros de longitud va dibujando paisajes increíbles y llenos de contrastes. Desde torrenciales y estrechos desfiladeros de pronunciadas pendientes hasta tranquilos y profundos meandros de gélidas aguas. Porque aquí,  el agua es vida…

Vida, como la del joven Francisco de la Vega Casar que se ha convertido, por derecho propio, en uno de los más famosos seres de la mitología cántabra. Su historia comenzó el del día de San Juan del año 1674 cuando se fue a bañar, precisamente, al río Miera con unos amigos, y terminó cinco años más tarde en las proximidades de la Bahía de Cádiz cuando un ser acuático de apariencia humana, según relata Fray Benito Jerónimo de Feijoo en la obra Teatro Crítico Universal, quedó atrapado en las redes de unos pescadores. Sobre lo que sucedió en ese largo tiempo nada se sabe, pero al subirlo a la cubierta de la embarcación, quedaron asombrados puesto que la extraña criatura había desarrollado una columna de escamas que le recorría todo el cuerpo. Después de muchos cuidados y esfuerzos, consiguieron que Francisco pronunciará una única palabra… ¡Liérganes!, y hasta allí le llevaron, para sorpresa de todos los vecinos.

Centro de Interpretación del Hombre Pez

Y para recordarle, en el mismo lugar donde, probablemente, se lanzó a las aguas para emprender su  viaje al lado del molino, que hoy es centro de interpretación de la Leyenda, y bajo el mal llamado Puente Romano, ya que fue construido a principios del s.XVII, se instaló una estatua en la que un extraño ser parece estar mirando con nostalgia al río que una vez le llevó a Cádiz. ¡Es el Hombre Pez! El puente, hecho con piedras sacadas del propio Miera, no es el único que lo cruza en la zona pero sí el más singular por la apariencia esbelta y ligera que le otorgan los dos arcos de medio punto de tamaño muy desigual que lo sostienen, y fue un punto estratégico de todo el valle puesto que lo comunicaba con el Camino de Castilla.

Rio Miera

Tan orgullosos están en Liérganes de su río, el mismo al que se lanzó el Hombre Pez hace ya algunos siglos, que lo estudian hasta el más mínimo detalle y lo quieren compartir con todos en el Fluviarum.: un espacio repleto de acuarios que trata de representar a todas las especies, tanto vegetales como animales, que pueblan los ríos del Cantábrico, desde las intrépidas nutrias que se zambullen y bucean en sus aguas hasta algunos de los últimos representantes vivos de los teleósteos, unospeces que en lugar de espinas tienen huesos ¿Estarán emparentados con el Hombre Pez? Sólo hay que acercarse para descubrirlo. El precio de la entrada es de 6 euros y abre todo el año.

De las frías aguas de origen glaciar del Miera también viene directamente parte de la buena fama de la gastronomía de esta localidad. De los verdes pastos que riega a su paso hacía en Mar Cantábrico se alimentan las vacas tudancas, de carnes tiernas y jugosas, y  con cuya leche, además, se elaboran tiernos quesos de nata; en sus meandros chapotean sabrosas truchas; y hasta el propio agua del río se aprovecha para elaborar, en el mismo Liérganes, la cerveza artesana más valorada de toda Cantabria. Dougall´s quien fabrica y elabora varios tipos diferentes con nombres tan regionales como 942, Raquera, Tres Mares y, quizá, muy pronto una Hombre Pez con la que aliviar la sed.

Mención aparte merecen los dulces aunque lo más típico es, sin duda, el chocolate con churros, pero no hay que olvidar estos son los Valles Pasiegos, aunque sea su zona más al Norte, y por estas tierras mandan los contundentes sobaos de mantequilla y las deliciosas quesadas. Los Sacristanes, un crujiente hojaldre elaborado con azúcar, manteca, sal y azúcar, y los Corazones, unas ricas galletas con intenso pero agradable sabor a canela, junto a las llamadas Tetas de Liérganes, otra variedad de pastas más finas y delicadas, son algunas de las especialidades de repostería con las endulzar este festín de buenos alimentos o acompañar al café. Si el nombre del último dulce os llama la atención esperad a ir a Liébana y probad los Cojones del Anticristo.

Casa Liérganes

Ya con el estómago bien lleno, nada mejor que pasear por las calles para bajar la comida y para darse cuenta de que Liérganes es toda una exposición a tamaño real de lo mejor de la arquitectura cántabra con dos estilos como puntos fuertes: la Arquitectura Indiana y la Barroca. Buena muestra de la primera son, por ejemplo, el Hotel Celestina; la Casona de Riaño; El Retiro, una rareza de inspiración Neopalladiana; la Casa del Acebo o la de Cacho, más conocida como La Giraldilla o la Casuca de la Bisa, hoy tienda de muebles y decoración cuidada hasta el último detalle en el que los fanáticos de las compras adorarán su encanto.

Giraldilla de Liérganes

¡Hasta 24 edificios singulares! Y entre ellas que se encuentran algunas joyas del barroco como las casas de Rañada-Portia, la de los cañones, la de Langre, la de Miera-Rubalcaba que en una de las esquinas cuenta con la imponente Cruz de Rubalcaba, mil veces pintada como símbolo de comarca; los Palacios de Elsedo de Pámanes o el de la Rañada. Y, por supuesto el agua del río Miera tiene propiedades terapéuticas y sino que se lo digan a las miles de personas que han sido tratados en su Balneario… ¿Te animas a visitar Liérganes y al Hombre Pez en tu próximo viaje por Cantabria?